Orlando Ferreres dice que esto ya pasó. Una de sus especialidades es el estudio de la historia económica del país y destaca que la alternancia de períodos de tipo de cambio alto con otros de atraso cambiario ha sido la tónica de los últimos 100 años.
No comparte las voces de alarma sobre el daño que le espera a la economía por la apreciación del peso en términos reales. Cree que esto es consecuencia de condiciones internacionales que van a garantizar una gran entrada de capitales para la Argentina.
Y cree que, como han hecho otros países, debe hacerse un plan de largo plazo que le permita reconvertirse a aquellos sectores a los que les resulta difícil competir sin un dólar muy alto.
De todas formas, advierte que la falta de confianza puede hacer volver un período de fuga de capitales. Destaca que los factores políticos, con elecciones este año en Brasil y el año próximo en la Argentina, pueden traer volatilidad en el corto plazo.
La siguiente es la entrevista mantenida con iProfesional.com.
-La Argentina se está volviendo un país caro en dólares. ¿Cuánto más puede profundizarse esta situación?
-Todavía hay margen para que siga un poco más, dado que este año hay una gran oferta de dólares, producto de la gran cosecha. Estamos en una situación en la que el dólar en el año no subirá más de 10%, mientras los salarios aumentan al 28% en promedio. Y la inflación se calcula en 25%. De manera que tenemos una suba de salarios en dólares de 18% y una inflación en dólares en torno de 15%. Es muy grande, sobre todo si se ve que en el mundo hay cero de inflación, e incluso negativo.
-¿Y más allá de este año, se podrá seguir acentuando?
-Eso ya es más complicado de pronosticar. Puede subir un poco más pero tendiendo a encontrar sus propios límites. No creo que la inflación en dólares siga mucho más porque la importación se volvería muy barata, y se achicaría la balanza comercial. Y tratándose de un año electoral, que siempre se caracteriza por tener más incertidumbre, no es recomendable tener un balance comercial ajustado. Pero hay otro problema…
-¿Cuál es?
-Que el tema del encarecimiento en dólares no es tan fácil de arreglar. Porque como el Gobierno le teme a una inflación alta, entonces trata de usar el tipo de cambio como palanca que sostenga los precios hacia abajo. No hay margen para devaluar mucho en la búsqueda de un tipo de cambio competitivo porque esa medida viene acompañada de más inflación. Y la inflación tiene una gran correlación negativa con la imagen política: cuando aumenta sobre el 10%, cae la imagen del Gobierno. Y sobre el 20%, cae más rápido aún. Así que no va a ser fácil una devaluación. Sería algo que demostraría una debilidad del Gobierno, y además la gente se asusta si ve volatilidad. De manera que puede afirmarse que durante el año que viene se va a mantener un atraso cambiario significativo.
-Hay críticas en el sentido de que ya se perdió toda la ventaja competitiva de la devaluación. En realidad, ¿qué tan lejos estamos de la época del uno a uno?
-Depende de cada sector. Si uno toma la soja, ahí están peor, porque para ellos el dólar vale $0,72 en términos del 2001. Claro que el precio de la soja está más alto, eso es lo que nos salva. Si no, sería imposible. En los productos industriales, el tipo de cambio real es $1,10. Es decir, un poquito mejor que en la convertibilidad, pero tampoco es una situación para tirar manteca al techo.
-¿Y los salarios cómo están respecto de la convertibilidad?
-Ya están más o menos al mismo nivel que en 2001, alrededor de u$s900 para un trabajador industrial. Claro que los dólares de hoy no son los mismos de aquella época. Si se considera la remuneración de los seis millones de trabajadores que están en el mercado informal, ahí todavía estamos más bajos, con un promedio inferior a u$s400. Respecto de nuestros vecinos, nos encarecimos, pero en realidad todos estamos más caros si se consideran los salarios en dólares, especialmente Brasil.
-¿La industria va a sufrir por este encarecimiento?
-Todavía no estamos peor que Brasil, al punto de que resulte más barato producir allá. Pero hay que ir con pies de plomo, porque este año ellos tienen elecciones y recordemos lo que ocurrió en 1998: hubo elecciones, asumió el gobierno y vino una devaluación de 40% sin avisarle a nadie. Hay que esperar a ver qué pasa. Pero seguramente algo va a pasar
-A diferencia de otros momentos de altos costos en dólares, ahora no es tan evidente que exista un atraso cambiario. ¿Hay que interpretar que la Argentina se encamina a un nuevo tipo de cambio de equilibrio que la va a hacer cara en forma permanente?
-Es un fenómeno típico de los países que empiezan a crecer fuerte y atraen capitales. No nos pasa sólo a nosotros, el caso de Brasil es típico. En la Argentina, la historia demuestra que en los períodos de entrada de capitales, cuando hubo confianza, el tipo de cambio fue bajo en términos reales. Y en momentos de mucha salida de capitales, el dólar costó hasta $6 en términos de hoy.
-¿Y en qué fase histórica nos encontramos ahora?
-Si se hiciera una política económica de largo plazo que trajera los capitales argentinos de vuelta desde el exterior, o que atrajera capitales de otros países, entonces el tipo de cambio sería de $1,75 al cabo de unos años. Pero no porque el Gobierno sea malo y quiera poner un tipo de cambio bajo, sino porque la entrada de capitales exige un equilibrio del balance cambiario a ese nivel. El problema, claro, es que a ese nivel hay muchas industrias que no andan bien. Entonces habría que llamarlos a todos y decirles “su industria va a tener problemas; si quiere cambiar de ramo, aquí tiene una ayuda, este préstamo por 10 años para que usted haga una cosa más competitiva”. Porque si no se hace eso, van a luchar por devaluar, y entonces nunca se puede tener una continuidad en el crecimiento.
-Usted describe esto como algo que todavía no llegó, pero lo cierto es que hoy tenemos sectores que no podrían competir si no fuera por las trabas a las importaciones…
-Sí, ese es un síntoma circunstancial. Pero lo que se requiere es una política, porque no se trata de destruir el capital de nadie. Hay que organizarlo bien, saber quién es competitivo con este tipo de cambio y quién no, y explicarles que el país va a tener una entrada de capitales muy grande y que el tipo de cambio real va a bajar. Y permitirle que se recicle. Ahora, si uno quiere imponerlo, como se pretendió en la época de Menem, va a traer problemas. En aquel momento los capitales no entraban tanto para invertir sino para financiar el déficit fiscal. Pero no importa para qué entre el dólar: su influencia sobre el tipo de cambio igual se va a hacer sentir.
-¿La suba del costo laboral va a generar problemas de empleo?
-Por ahora no, porque esta situación no es algo todavía definitivo. De hecho, el Gobierno sigue pregonando el modelo del tipo de cambio alto, aunque en la práctica ya no ocurra.
Pero lleva a pensar que todavía pueden encontrar una forma de mantener la idea del tipo de cambio competitivo. La gente no está pensando que el tipo de cambio va a ser bajo todo el tiempo.
-¿Pero usted cree que hay posibilidades reales de que se pueda volver al modelo de dólar alto?
-Una vez, un economista muy cercano al Gobierno dijo: “A nosotros lo que nos complica es la confianza, porque cuando hay confianza el tipo de cambio se atrasa. Tiene que haber un poquito de ruido y desconfianza para que el dólar esté más alto”. Pero lo que no decía es que con el tipo de cambio muy alto nadie invierte, entonces esa política tampoco funciona. En 2011 va a haber elecciones. Y hasta allí no va a haber grandes decisiones de los empresarios, porque están esperando a ver cuál es el modelo que se va a imponer. Por ahora las empresas van a seguir invirtiendo poco. Lo suficiente como para abastecer la demanda de este año y del próximo. La inversión hoy es 20%, cuando hasta 2008 era de 24%. Y esto ocurre porque no está claro el horizonte, hay mucha neblina.
-Ya que menciona el tema de la incertidumbre en el plano político, una de las situaciones típicas de esos momentos es la compra masiva de dólares. ¿Cree que se va a repetir?
-Por el momento no se ve. También es cierto que éste es un momento excepcional, por la gran oferta de dólares de la soja. Y entonces aun los menos avispados saben que es un momento en el que el Gobierno está sosteniendo la cotización para que no baje más. Así que no creo que se les ocurra comprar ahora. Más adelante quizás cambie. Cuando se avecina un período de elecciones, a la sociedad le gusta estar prevenida y, por las dudas, su forma de protegerse es pasándose al dólar.
La experiencia indica que el año próximo las familias tenderán a dolarizarse más. Si uno se guía por la media histórica, se podría volver a un nivel de compra de u$s1.000 millones por mes. Pero la verdad es que se trata de un tema impredecible, habría que traer el al pulpo Paul para saber qué va a ocurrir en este plano.
-Volviendo al atraso cambiario, ¿vamos a seguir viendo cambios en los precios relativos, con los artículos importados abaratándose frente a los alimentos?
-Es algo que se va a agudizar, porque es la tendencia mundial que suba de precio los alimentos y bajen los productos industriales. Nosotros exportamos lo que es caro e importamos lo que es barato, así que no es una mala noticia. Es un buen momento para transformar al país en competitivo, porque están baratos los bienes de capital. Así que es probable que el lomo siga siendo más caro, porque aumenta la demanda a nivel mundial en la medida en que disminuye la pobreza. Lo que hay que hacer es sacar trabas a la exportación. Poder vender más volumen y más caro es como tener petróleo.
Fernando Gutierrez
(c) iProfesional.com












