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Dónde está situada hoy la Argentina en el mundo

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Nadie está contento con el actual sistema monetario internacional. El conjunto de reglas, normas e instituciones que legisla las monedas y los movimientos de capitales en el mundo está en el centro de la tormenta. El papel del dólar se halla cuestionado. Las economías que crecen más rápido acumulan cada vez más reservas y acuden menos al FMI. Mientras tanto, la volatilidad financiera internacional no ha cedido en los últimos años

Los economistas suelen estar seguros de pocas cosas, pero de una no tienen dudas: es imposible que los países sostengan un tipo de cambio fijo y haya libre movimiento de capitales a la vez. Es uno o lo otro, sostienen. Brasil impuso hace unas semanas nuevas restricciones al ingreso de capitales como vía para desalentar la apreciación del real –6% en menos de cuatro meses–. Pero al mismo tiempo Lula hablará sobre la guerra de monedas en Seúl, donde se llevará a cabo la reunión del G-20 este fin de semana. También se escucharán reclamos para que China libere su mercado de cambios.

La economía mundial salió de la recesión de 2009 gracias al estímulo fiscal acordado por los países del G-20. Los más desarrollados, como Estados Unidos, agregaron a esa fórmula una dosis de caída en la tasa de interés. La Reserva Federal anunció la semana anterior que volverá a emitir dólares durante 2011 para fortalecer aún más el crecimiento de su economía y la recuperación del mercado de trabajo.

En el medio de esto hay una serie de efectos cruzados que nadie termina de decodificar: países que no intervienen su economía, bancos centrales que manipulan el valor de sus monedas y otros que elevan los controles de capitales.

Los más pesimistas dicen que todo esto configurará un mundo de burbujas mucho más peligroso que el actual. Para otros, en cambio, se trata de un período en el que se combinaron la peor recesión global en 70 años con un proceso de transferencia de riqueza de los países desarrollados a los emergentes.

Nadie tiene en claro cuál es la hoja de ruta a seguir. La Argentina, una economía abierta e integrante del G-20, se halla en medio de un contexto internacional incierto y participa de las reuniones de un grupo configurado por países muy diferentes, que difícilmente llegue a tomar decisiones trascendentales. ¿En dónde está situada la Argentina en el mundo hoy en día?

 

¿Sirve el G-20?

Gideon Rachman, editor de Financial Times y autor del reciente libro ‘Un mundo de suma cero’, señala que el mapa de la economía mundial no se halla dividido en dos ejes (Estados Unidos-China) como la mayoría sostiene sino en siete. “La tensión en los principales temas ocurre entre Estados Unidos y China, pero lo cierto es que hasta el momento nadie se pelea por apoyar a los estadounidenses o a los chinos”.

El catálogo de países se ordena de la siguiente manera de acuerdo al esquema de Rachman presentado en su libro: manipuladores de la moneda vs. Manipulados (China y Brasil representan dos extremos en este punto), acumuladores de reservas vs. derrochadores (Rusia-Estados Unidos), democracias vs. Autocracias (India-Arabia Saudita), Occidente vs. resto (Estados Unidos- China), soberanos vs. pro instituciones globales (Alemania está a favor de que cada país fije su política económica para corregir sus desequilibrios mientras que Francia alienta la constitución de un gobierno global) y pequeños-grandes (Sudáfrica, la economía más pequeña del G-20, participa de una mesa junto a Estados Unidos, el país más grande del mundo).

El G-20 envuelve a países con características tan distintas que a veces se olvidan diferencias básicas entre ellos. La Argentina podría compartir con China el cartel de países manipuladores de sus monedas, pero por otro lado son dos naciones con estructuras políticas y peso en la economía mundial completamente distintos. La Argentina no comparte con Brasil un lugar en el casillero de países que sostienen artificialmente el valor de sus monedas –o al menos en los últimos años–, pero sí ambos se encuentran entre el grupo de países con regímenes democráticos consolidados y que siguen una deliberada política de acumulación de reservas para protegerse de la volatilidad de los mercados.

Este mosaico de economías y gobiernos, hace que el G-20 se halle lejos de conformar el ámbito ideal para resolver los desequilibrios globales. Esto por lo menos creen algunos. “El G-20 parece un grupo cada vez más dividido, inútil e ilegítimo”, dice Rachman. Otros, en cambio, piensan que el G-20 es el espacio indicado porque representa la distribución del poder económico mundial mejor que el G-7.

Bretton Woods 2

Si lo que sucede en el mundo es una transferencia de la riqueza –y por lo tanto del poder económico– de los países desarrollados hacia los emergentes, entonces es lógico debatir un nuevo sistema monetario internacional.

El actual esquema fue diseñado en una conferencia en Bretton Woods en 1944, cuando Estados Unidos y Gran Bretaña eran las principales potencias del mundo. Las delegaciones de ambas naciones elaboraron un sistema que tuvo en cuenta la administración de los tipos de cambio y la posibilidad de devaluar cuando los países –ya sea por razones internas o externas- no pueden sostener un nivel determinado de su moneda. El plan suponía que la corrección fuera hecha recurriendo a un stock de reservas proveído por el Fondo Monetario –a través de un acuerdo– y que Estados Unidos se comprometiera a mantener su paridad con el dólar. Pero nada salió como estaba previsto. 

Washington dejó el patrón oro, algunos países ataron el valor de sus monedas a la de Estados Unidos (como China) y el Fondo Monetario no castigó a los países que manipulaban sus monedas sino a aquellos que acudían a pedirle ayuda cada vez que enfrentaban una crisis de balance de pagos. Los lineamientos de Bretton Woods se fueron debilitando con el tiempo y se ha llegado a un punto en el que la mayoría de las economías emergentes acumula reservas como una vía para evitar acudir al FMI. Desde la Argentina hasta Corea han seguido esa misma práctica.

La estrategia demostró ser exitosa si se tiene en cuenta que Asia y América Latina no fueron afectadas por la crisis financiera internacional. Los países industrializados critican la posición de los emergentes al señalar que sus políticas no estimulan el consumo y que por lo tanto eso solo servirá para demorar la recuperación del mundo avanzado. “Muchos nos critican pero lo cierto es que evitamos la volatilidad de la última crisis y encima pagamos la deuda”, dijo la presidenta Fernández de Kirchner en Seúl horas antes de comenzar el encuentro con los mandatarios.

La mayoría de los medios especializados coinciden que la reunión del G-20 debería servir para bajar los decibeles sobre lo que se ha venido llamando ‘guerra de monedas’. Los trabajos previos señalan que el interés de los países sería alcanzar un entendimiento basado en una serie de reglas para corregir los desbalances. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Tim Geithner, propuso que ningún país pueda registrar un superávit de cuenta corriente mayor al 4% (China tiene 5%).

La frontera del IIE

Hay quienes alientan que en Seúl haya una reprimenda a aquellos gobiernos que sostienen artificialmente bajo el valor de sus monedas (ver cuadro). Sin embargo, una propuesta de ese tipo podría ser un arma de doble filo. Un trabajo reciente de John Williamson y Robert Cline para el Instituto Peterson de la Economía Internacional con sede en Washington, señala que el G-20 cometería un error si condenara a los países que se esfuerzan para evitar una apreciación de sus monedas. Pensar que una revalorización de sus monedas alcanzará para estimular el poder adquisitivo de los habitantes de esos países es una falacia, sostienen, ya que hace falta también el uso de la política fiscal y monetaria para sostener el equilibrio interno de sus economías.

El trabajo de Williamson y Cline –que relevó datos de 30 países, entre ellos de la Argentina–, pone de relevancia que un conjunto de países avanzados sufre un nivel bajo de demanda. Por el contrario, señalan, en el mundo emergente sucede todo lo contrario. “Una de las razones principales de por qué sucede esto es la política cambiaria de los países en desarrollo que sirve para desviar la demanda del mundo desarrollado hacia sus economías”, explica el documento. Sin embargo, aclara, la política cambiaria no es la culpable de todos los males. “Y por lo tanto, la solución de todas las distorsiones”.

Según los especialistas, la acción de Pekín que ayudaría a corregir las tensiones globales sería una combinación de apreciación cambiaria y medidas que estimulen el consumo interno.

¿Qué recomienda el informe para la Argentina? No mucho. De acuerdo a Williamson-Cline, la Argentina se halla en una situación de equilibrio, es decir, el nivel de su tipo de cambio se halla dentro un rango que contempla un desvío de 2,5% con respecto al valor que garantiza la solvencia de su frente externo –según el trabajo el tipo de cambio en la Argentina se encuentra ligeramente depreciado y haría falta una devaluación de 1,8% para ubicarse en el nivel óptimo–.

Esto que señala el estudio, por un lado pone de manifiesto el margen de maniobra estrecho que el Gobierno tiene para dejar deslizar el tipo de cambio sin alentar la inflación. Por otro, deja en claro que si bien la Argentina se encuentra dentro del grupo de países que manipula su tipo de cambio, el peso escaso de su economía en el mapa mundial la exime de asumir compromisos en las reuniones del G-20.

El estudio del IIE concluye que seis de los 10 países más activos en la intervención del mercado de cambios –entre los que se encuentra la Argentina–, deberían ser sujetos de algún tipo de comentario en la reunión de Seúl. Ellos son China, Hong Kong, Malasia, Singapur, Suiza y Taiwán. “La depreciación de la moneda china se ha incrementado en el último tiempo debido a que el dólar a su vez ha perdido valor en relación a otras monedas”.

Por otro lado hay países que experimentan el caso contrario. La distinción de estas diferentes situaciones es crucial para tomar cualquier decisión, sostienen Williamson-Cline.

 

Cristina en Seúl

La presidenta Fernández de Kirchner dijo en Seúl que volverá a manifestarse en la misma línea de las cumbres anteriores. Que la prioridad debe ser la recuperación del mercado interno para así alentar el desarrollo de la demanda.

Frente a un grupo de empresarios de todo el mundo dijo que hay fórmulas aplicadas por los países desarrollados para salir de la recesión y que la Argentina comparte. Un ejemplo que ilustró es el de la inversión en infraestructura.

También se detuvo a analizar los comentarios sobre las restricciones al movimiento de capitales que se ven cada vez más en los países emergentes. “Nosotros tenemos una obligación del 30% de encaje para capitales especulativos, no para capitales de inversión destinados a la infraestructura”, dijo, y enseguida agregó: “Brasil ha triplicado la tasa en los últimos días del 2% al 6%”.

 

Autor de Nota: El Economista Digital
 
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